Agarrate, Catalina!

Namber Nain Namber Nain Namber Nain...

miércoles, 11 de enero de 2006

 

Qué arda el archivo

La cuestión se pone endemoniada como pocas. La cadena de sucesos es bastante simple. Uno nace, crece, se reproduce, o no (santas píldoras) y se muere. Y chau Picho. Si te he visto no me acuerdo. ¿Hasta ahí me siguen? Pero claro, el demonio agrega un par de eslabones del calibre: la niñez y la patraña de que es la etapa más feliz de la vida, la adolescencia, en la cual uno adolece (otro rulo socio-lingüístico patético), las amistades, los primeros hombres, la memoria, la identidad, la representación y otros tantos conceptos muy "sociales". Y todo tan urbanamente empotrado en una hermosa biblioteca de roble de cuatro cuerpos, cajoneras, estantes y puertitas al tono. Y un día: Fraaaa, se te desempotra la biblioteca, cae todo al suelo, y si pensaste que lo peor era que tu JVC 6 cd player se estampó contra el piso y se cortaron los cables de los parlantes, y la mayor gracia es que no hay heridos, ¡JA! la pifias. Pero la pifias de primera mano. A todos nos puede pasar. Uno no tarda en caer en la cuenta que paralelamente a la subcadena de mini sucesos ad hoc (meter los libros, cds, papelitos, lapiceras, cuadernos, adornos, en chiquicientas cajas; llamar al carpintero; esperar el presupuesto; ir barajando la posibilidad de que tus putos exiguos ahorros se vayan en el arreglo), se abre un mundo paralelo en dónde todo es espanto. Porque mientras crees que metes en las cajas, revisas todas aquellas cosas que tenías sanamente archivadas en los estantes: y encontrás tu propio destino-no-consumado. Libros y libros en doble fila: los que leíste, prendieron y florecieron, los que dejaste por la mitad como tantas cosas ¿pero por qué había sido?, los que tenés y no sabés porqué y no va que te acordás, y ahí todo se puso totalmente negro. Porque ya no te interesan, ¿y cómo pudieron alguna vez interesarte? No es una escena de auto recriminación: es darte la cara contra todo lo que fuiste que ya no sos y no serás. Por todos los lugares donde pasaste, miraste, probaste y hasta pensaste en quedarte. Y eso es solo el comienzo. De los libros salen notas, papeluchos, postales, ¡hasta servilletas! ¡Por el amor de todos los jesuses y sus arcángeles!
- No quiero, no debo, no me importa saber de quién es esa letra que no es mía, que yo no hago la a con rulo en imprenta, y no, no, no. Pero si: es esa letra. Y apenas te recuperás del sofocón, aparecen la agendas de 2004, 2003... Los diarios de viaje. Ahí sí que si no me arrojé por la ventana tomándome de las rodillas cual "tirate bomba" es porque cerré las cajas, y me fui derecho a ver que tanto de lugar había para ponerlas allí mismo, detrás de las otras puertas, y sanseacabó, me harté de mis flashbacks del horror. No es arrepentimiento, ni aflicción por un pasado triste. A esta altura creo que ya lo entienden. Es simplemente tanto, tanto, pero tanto que ha pasado, qué no tenía un cabal registro de tal magnitud. Y detrás de las puertas, ya lo imaginarán. Más cajas, alguna vez selladas con la misma determinación, esquivadas con la mirada en el presente y desterradas, no al estante ya, sino al mueble cerrado. Ahí están, esos otros libros, esas otras agendas, más pretéritas aún, que ya sufrieron alguna vez la envalentonada del olvido, y que han vuelto para buscarte.


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