Agarrate, Catalina!

Namber Nain Namber Nain Namber Nain...

martes, 18 de julio de 2006

 

La Palanca

Según las indicaciones de jefecito, hoy tenía que pagar las expensas extraordinarias adeudadas de un departamento de terceros.

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Se me ocurren 18 comentarios demoledores al respecto, pero no tengo ganas de andar aguantando mi puerco derrotismo. A lo que iba es que fui al banco y en vez de meterme en las primeras cajas me fui a las del fondo, porque hay menos gente e intuía que la tareita iba a constar de varios pasos de los que me enteraría rebotando por los empleados públicos de turno. Así fue. Hice la cola calladita como buena samaritana y cuando me atendieron me derivaron a otro escritorio. Llené tres o cuatro papeles y le entregué al banco detalles de mi identidad y de mi intimidad que seguramente usen en mi contra en algún momento. Todo para pagar las expensas extraordinarias adeudadas de un departamento de terceros. En fin. Cuando terminé me dijeron que me iban a llamar por mi nombre de la caja dónde había comenzado todo el trámite. Me acerqué a la cola que ya formaban varias viejas de jopo laqueado a esperar la voz de aura. A los 30 segundos me llamaron. No sé para que tanta identificación si la cajera chilló: ¡Expensas consorcio! Menos mal que gracias a un reflejo pavloviano yo siempre me acerco al trote al grito de "expensas consorcio", así como me doy a la fuga cada vez que escucho "a correr que hay chinche".

Obviamente tuve que adelantarme a toda la fila de viejas para llegar a la caja y pagar los 114 pesos de expensas extraordibla bla. Las viejas como locas. Como locas.

Al terminar hice el camino inverso y volvía sobre la fila para irme cuando una vieja enclenque que esperaba su turno me encaró: ¡Hay que hacer la cola! Me pareció bastante comprensible que el hecho de estar parada con las piernas casi gangrenadas la pusiera nerviosa, así que le respondí con muy buen tono: Señora, yo ya había hecho la cola antes y me llamaron para terminar un trámite. No supe la reacción de la vejeta, porque otras tantas paradas más atrás comenzaron a hostigarme.

Una me gritò ¡qué vergüenza!

Otra, ¡qué barbaridad!

Me fui a paso ligero a-sus-ta-dí-si-ma. Por suerte llegué a escuchar lo que me gritó la última vieja que hasta ahora, y por lejos, califica como la frase del año.

(con cara de vieja muy de mierda) "¡Lo que es tener palanca!" (¡!)


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